Por qué se marcan los surcos nasogenianos y cómo se pueden reducir

Uno de los cambios más habituales que aparecen con el paso del tiempo en el rostro es la aparición de los surcos nasogenianos. Muchas personas empiezan a notar estas líneas al mirarse al espejo y sienten que su rostro parece más cansado o envejecido, incluso aunque su piel esté bien cuidada.

Los surcos nasogenianos forman parte de la anatomía natural del rostro. De hecho, están presentes desde la juventud, aunque en ese momento suelen ser muy suaves y apenas perceptibles. Sin embargo, con el paso de los años estos pliegues pueden volverse más profundos y visibles.

Para entender por qué ocurre esto, es importante conocer primero qué son exactamente los surcos nasogenianos y qué cambios se producen en el rostro con el envejecimiento. La formación de estos surcos no depende de un único factor, sino de una combinación de transformaciones que afectan a la piel, la grasa facial, los músculos y las estructuras profundas del rostro.

Qué son los surcos nasogenianos

Los surcos nasogenianos son los pliegues que se extienden desde los lados de la nariz hasta las comisuras de la boca. Se trata de una línea anatómica natural que separa la mejilla del labio superior.

En términos anatómicos, este surco marca la transición entre dos zonas diferentes del rostro: el tercio medio facial y la región perioral. Esta transición existe en todos los rostros, aunque su profundidad y visibilidad varían de una persona a otra.

En rostros jóvenes, los surcos nasogenianos suelen ser suaves y discretos. La piel mantiene su elasticidad, los tejidos están bien sostenidos y la distribución del volumen facial permite que la transición entre las mejillas y la zona de la boca sea gradual. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta línea natural puede transformarse en un pliegue más profundo. Cuando esto ocurre, el surco se vuelve más visible y puede dar al rostro una apariencia más marcada o envejecida.

Es importante destacar que los surcos nasogenianos no son exactamente lo mismo que una arruga. Mientras que las arrugas se producen principalmente por la contracción repetida de los músculos faciales o por la pérdida de elasticidad de la piel, los surcos nasogenianos están relacionados sobre todo con cambios estructurales en el rostro.

La estructura del rostro y su influencia en los surcos

El rostro está formado por diferentes capas que trabajan conjuntamente para mantener su forma y volumen. Estas capas incluyen la piel, el tejido graso, los músculos, los ligamentos y el hueso.

Cada una de estas estructuras cumple una función específica en el mantenimiento de la arquitectura facial. Cuando todas funcionan de manera equilibrada, el rostro conserva una apariencia firme y armoniosa.

En el caso de los surcos nasogenianos, varias de estas capas intervienen en su formación. La piel cubre las estructuras profundas y contribuye a la suavidad del rostro. La grasa facial proporciona volumen y soporte, especialmente en la zona de los pómulos y las mejillas. Los ligamentos faciales, por su parte, ayudan a mantener los tejidos en su posición. Estos ligamentos actúan como puntos de anclaje que fijan la piel y la grasa a las estructuras más profundas del rostro.

Cuando alguna de estas estructuras cambia con el paso del tiempo, el equilibrio del rostro puede alterarse. Como resultado, determinadas zonas pueden perder volumen o desplazarse ligeramente, favoreciendo la aparición de pliegues más marcados.

El papel del envejecimiento facial

Uno de los factores principales que contribuyen a que los surcos nasogenianos se marquen es el envejecimiento facial.

A medida que pasan los años, el rostro experimenta una serie de transformaciones progresivas que afectan a todas sus capas. Estos cambios no se producen de forma aislada, sino que interactúan entre sí.

Uno de los primeros procesos que ocurre es la pérdida gradual de volumen en determinadas zonas del rostro, especialmente en el tercio medio facial. Esta área incluye los pómulos y la parte superior de las mejillas.

Cuando disminuye el volumen en esta región, los tejidos que se encuentran por debajo pierden parte de su soporte. Como consecuencia, la piel y la grasa pueden desplazarse ligeramente hacia abajo. Este desplazamiento contribuye a que la transición entre la mejilla y la zona alrededor de la boca se vuelva más marcada, lo que acentúa el surco nasogeniano.

Cambios en la grasa facial

La grasa facial desempeña un papel fundamental en la apariencia del rostro y en la formación de los surcos nasogenianos.

En un rostro joven, la grasa está distribuida en compartimentos bien definidos que aportan volumen y suavidad a las mejillas. Estos compartimentos ayudan a sostener la piel y a mantener una transición suave entre las diferentes áreas faciales.

Con el paso del tiempo, esta grasa puede experimentar varios cambios. Por un lado, algunos compartimentos grasos pueden perder volumen. Por otro, los tejidos pueden desplazarse hacia zonas más bajas debido a la acción de la gravedad y al debilitamiento de los ligamentos.

Este proceso provoca que el volumen que antes se concentraba en la parte superior de las mejillas se reduzca o cambie de posición. Como resultado, la piel que se encuentra sobre el surco nasogeniano puede plegarse con mayor facilidad.

La influencia de la piel

La piel también desempeña un papel importante en la evolución de los surcos nasogenianos. Con el envejecimiento, la piel pierde progresivamente colágeno y elastina, dos proteínas que son esenciales para mantener su firmeza y elasticidad. Esta pérdida reduce la capacidad de la piel para mantenerse tensa y adaptarse a los movimientos del rostro.

Al mismo tiempo, la piel puede volverse más fina y menos resistente. Como consecuencia, es más susceptible a formar pliegues o arrugas en determinadas zonas. En el caso de los surcos nasogenianos, la pérdida de elasticidad de la piel puede hacer que el pliegue natural entre la mejilla y la boca se marque con mayor facilidad.

Además, la exposición acumulada al sol, el fotoenvejecimiento, puede acelerar este proceso al afectar a la estructura de la piel.

El papel de los movimientos faciales

Los movimientos faciales también influyen en la evolución de los surcos nasogenianos. Cada vez que sonreímos, hablamos o gesticulamos, los músculos faciales se contraen y generan pliegues temporales en la piel. En un rostro joven, la piel recupera rápidamente su posición original después de cada movimiento. Sin embargo, con el paso del tiempo, la repetición constante de estos movimientos puede contribuir a que determinadas líneas se vuelvan más permanentes.

La zona que rodea la boca es especialmente activa desde el punto de vista muscular. Esto significa que los pliegues que se forman durante la expresión facial pueden terminar marcándose más con los años. Cuando este fenómeno se combina con la pérdida de volumen y la disminución de la elasticidad de la piel, los surcos nasogenianos pueden hacerse más visibles y profundos.

Tratamientos para mejorar los surcos nasogenianos

Cuando los surcos nasogenianos comienzan a hacerse más visibles, muchas personas buscan soluciones que permitan suavizarlos y recuperar una apariencia más descansada. Sin embargo, antes de hablar de tratamientos concretos es importante entender que no existe una única forma de abordar estos pliegues.

Los surcos nasogenianos no aparecen por un solo motivo. Como hemos visto, su desarrollo está relacionado con una combinación de factores: pérdida de volumen en el tercio medio del rostro, desplazamiento de la grasa facial, cambios en la piel y acción de la gravedad sobre los tejidos. Por esta razón, los tratamientos más eficaces suelen ser aquellos que tienen en cuenta la estructura global del rostro.

El objetivo de los procedimientos actuales no es únicamente rellenar el surco, sino restaurar el equilibrio del rostro y mejorar la transición entre las distintas zonas faciales.

Restauración del volumen facial

Uno de los enfoques más habituales para mejorar la apariencia de los surcos nasogenianos consiste en restaurar el volumen perdido en el tercio medio del rostro.

Con el paso del tiempo, la zona de los pómulos puede perder parte de su volumen natural. Cuando esto ocurre, los tejidos situados por debajo pierden soporte y tienden a descender ligeramente. Este descenso contribuye a que el surco nasogeniano se marque más. Restaurar el volumen en áreas estratégicas del rostro puede ayudar a mejorar el soporte de los tejidos y suavizar la transición entre la mejilla y la zona alrededor de la boca. Este enfoque busca recuperar la arquitectura facial original, en lugar de centrarse únicamente en el pliegue visible.

Al mejorar la proyección de los pómulos y el soporte del tercio medio facial, el surco nasogeniano puede volverse menos pronunciado de forma natural.

Tratamientos de relleno facial

Los rellenos faciales son uno de los tratamientos más utilizados para mejorar los surcos nasogenianos. Estos procedimientos permiten aportar volumen en determinadas zonas del rostro para suavizar los pliegues y mejorar la armonía facial. Dependiendo de las características de cada paciente, el tratamiento puede aplicarse directamente en el surco o en áreas cercanas que contribuyen a su formación.

El objetivo de este tipo de tratamientos no es eliminar completamente el surco, ya que se trata de una estructura natural del rostro, en cambio, se busca suavizar su profundidad y mejorar la transición entre las mejillas y la zona perioral.

Tratamientos para mejorar la calidad de la piel

Además de los cambios en la grasa y el volumen facial, la calidad de la piel también influye en la apariencia de los surcos nasogenianos.

Con el envejecimiento, la piel pierde elasticidad y firmeza, lo que favorece la formación de pliegues más visibles. Por esta razón, algunos tratamientos se centran en mejorar la textura, la densidad y la capacidad de regeneración de la piel.

Procedimientos destinados a estimular la producción de colágeno pueden ayudar a reforzar la estructura cutánea y mejorar la apariencia general del rostro. Aunque estos tratamientos no eliminan los surcos nasogenianos por sí solos, pueden contribuir a que la piel se vea más firme y uniforme.

Tratamientos para reposicionar los tejidos

En algunos casos, el problema principal no es únicamente la pérdida de volumen, sino el desplazamiento de los tejidos faciales.

Con el paso del tiempo, los ligamentos que sostienen la piel y la grasa facial pueden debilitarse. Cuando esto ocurre, las estructuras del rostro tienden a descender ligeramente, lo que acentúa los pliegues alrededor de la boca.

Existen tratamientos orientados a mejorar la posición de los tejidos y recuperar parte del soporte facial perdido, estos procedimientos pueden ayudar a redefinir el contorno del rostro y reducir la apariencia de los surcos nasogenianos.

El objetivo de estas técnicas es restablecer la estructura del rostro de forma natural, respetando siempre las características individuales de cada paciente.

Estética Castro Sierra, tratamientos estéticos en Madrid

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